La violencia de género en España ha alcanzado un punto de insostenibilidad que no podemos seguir tolerando. Desde el año 2003 hasta la fecha de actualización de este manifiesto (20 de marzo de 2025), 1300 mujeres han sido asesinadas a manos de quienes decían amarlas. En lo que va de año, seis mujeres han sido brutalmente arrebatadas de sus vidas. Son nombres que se suman a una lista negra de impunidad y terror. Son historias truncadas, sueños rotos y familias devastadas. No son números: son vidas.

Cada cifra es una mujer que ya no está. Es una madre que no podrá ver crecer a sus hijos, una hija que no podrá abrazar más a sus padres, una amiga cuya ausencia pesa en el alma de quienes la conocieron. Cada asesinato es la prueba de un sistema que sigue fallando. Y cada vez que se justifica, minimiza o se ignora esta realidad, se alimenta un ciclo de violencia que no cesa.

A lo largo de estos años, hemos escuchado hasta la saciedad el mismo discurso vacío: «son casos aislados». Pero no lo son. La violencia de género es una epidemia estructural. Es una lacra que se perpetúa a través de la desigualdad, del machismo enquistado en la sociedad, de la falta de medidas efectivas y de la tolerancia hacia actitudes misóginas que, poco a poco, van escalando hasta convertirse en violencia física, psicológica y, en muchos casos, en asesinato.

Estamos hartas de discursos políticos hipócritas, de condolencias de cartón y de minutos de silencio que no salvan vidas. Estamos hartas de un sistema judicial que no protege a las víctimas y de una sociedad que sigue culpabilizándolas en lugar de señalar a los agresores. Estamos hartas de que se nos diga que «denunciar es la solución», cuando sabemos que muchas de las asesinadas ya habían pedido ayuda y, aun así, fueron ignoradas.

El 70% de las mujeres asesinadas no había denunciado a su agresor. ¿Es su culpa? No. Es el miedo, la falta de confianza en el sistema, la certeza de que denunciar no las salvará. Y no sin razón: cuántas de las mujeres asesinadas sí lo hicieron y fueron desoídas. Cuántas pidieron protección y se les negó. Cuántas fueron víctimas de un sistema que les exige pruebas imposibles mientras da el beneficio de la duda al agresor.

Los mecanismos de protección fallan. Las órdenes de alejamiento no salvan vidas cuando el agresor puede violarlas con total impunidad. Las casas de acogida son insuficientes. Las medidas de prevención son una broma cuando la educación sigue reproduciendo estereotipos que justifican la violencia.

Nos negamos a aceptar la violencia de género como un «hecho inevitable». Nos negamos a seguir contando muertas. Nos negamos a escuchar más excusas. Exigimos:

  1. Una legislación más dura: Que los asesinos machistas sean tratados como lo que son: terroristas. Que las condenas sean ejemplares. Que la justicia esté al servicio de las víctimas y no de los agresores.
  2. Protección real e inmediata: Que todas las denuncias sean tomadas con la seriedad que merecen. Que se asignen más recursos para la protección de las mujeres en peligro. Que el miedo cambie de bando.
  3. Educación en igualdad desde la infancia: Que el machismo sea erradicado desde la base. Que se imparta educación afectivo-sexual en todos los niveles educativos. Que se enseñe a identificar, prevenir y rechazar cualquier tipo de violencia de género.
  4. Medios de comunicación responsables: Basta de sensacionalismo y el tratamiento morboso de la violencia contra las mujeres. Basta de titulares que justifican al agresor y culpabilizan a la víctima, desvirtuando la realidad violenta del patriarcado. Basta de blanquear la violencia machista.
  5. Compromiso social real: No basta con indignarse en redes sociales. Hay que actuar. Hay que denunciar la violencia en nuestro entorno. Hay que apoyar a las víctimas. Hay que educar a nuestros hijos en el respeto y la igualdad.

No podemos esperar a que haya más víctimas para actuar. No podemos seguir normalizando el horror. Si no nos unimos ahora, si no alzamos la voz con la contundencia que esto merece, seguiremos añadiendo más nombres a la lista de asesinadas. Y eso es inaceptable.

Por cada mujer asesinada, por cada mujer que aún vive con miedo, por cada niña que no queremos que crezca en un mundo donde su vida vale menos: no nos callaremos. No pararemos hasta que se erradique esta lacra. Porque las mujeres no mueren: las asesinan. Y no hay nada más que decir, salvo exigir justicia y un cambio inmediato.

PEDIMOS UN MINUTO DE SILENCIO POR TODAS LAS MUJERES QUE HAN SIDO ASESINADAS.

FEDERACIÓN LOCAL DE AV DE TOLEDO “EL CIUDADANO”

                                       TOLEDO 01 DE ABRIL DEL 2025